¿Qué hay debajo, del Monumento de La Virgen Blanca?



 

Imagine 24 horas ininterrumpidas de obras. Durante cuatro años. En pleno centro de la ciudad. Y que, además, todo ese trabajo no sirva al final para el objetivo que se buscaba. ¿Imposible? No. Sucedió en Vitoria y no hace tanto. Solo 131 años, que en el calendario de la Historia es como decir antes de ayer.
La intención era abrir en
la Virgen Blanca un pozo artesiano en busca de agua y la cosa dio para tanto que hasta el compositor Dimas Uruñuela, vecino del lugar, se inventó un zortziko. En cualquier sitio asoma la cultura, incluso a golpe de perforación.


Un trabajo que abre los ojos sobre un pasado, el de Gasteiz, que tiene pequeñas joyas guardadas en su particular diario y que sirve además para mirar también al resto de Álava.

Una historia que engarza con el presente, porque hoy como ayer el agua es un artículo fundamental para todos.

Y es que en aquella Vitoria de 1877 el líquido elemento era una necesidad difícil de cubrir para una ciudad de 18.000 habitantes, aunque sumando los pueblos cercanos y la presencia militar el número subía a 27.000 personas.

Se propuso entonces una solución curiosa, perforar la plaza de
la Virgen Blanca para construir el primer pozo artesiano del Estado de la mano del ingeniero francés Alfonso Richard, una estructura que hasta 1935 mantendría un récord mundial un tanto llamativo ya que alcanzó la profundidad de 1.021 metros.

Eso sí, hasta llegar a ese punto, los trabajadores, en una operación que el Ayuntamiento de la época, liderado por Ladislao de Velasco, permitió pero para la que no puso ni un céntimo, tuvieron que estar cuatro años dando golpes incesantes al suelo a lo largo de las 24 horas que tiene un día.

En realidad, los promotores de la idea, con José Marcelino González de Lopidana a la cabeza, se dieron cuenta cuando la búsqueda en el subsuelo llegó a la mitad de lo hecho que aquello no tenía ninguna utilidad. Pero aún así siguieron. Y no pararon por no encontrar agua o por que no se pudiera utilizar, sino porque a finales de 1881 el trépano utilizado para hacer hueco se quedó encajado y no hubo manera de recuperarlo, generando una lluvia de críticas, denuncias y acusaciones que los medios de la época, como El Anunciador Vitoriano , recogieron.

Precisamente sus artículos, fotografías de la época, actas del Archivo Municipal y documentos de los fondos de la Fundación Sacho El Sabio y otros elementos sirven para completar la exposición que ahora se abre en el Museo de Ciencias Naturales.

Una muestra que todos los visitantes podrán ver escuchando en todo momento la grabación que los alumnos de la Escuela Municipal de Música Luis Aramburu han realizado con la obra compuesta por Uruñuela, vecino de la Virgen Blanca que en un momento dado tomó la sabia decisión de hacer de la necesidad virtud y convertir los golpes en el suelo y el característico ruido del motor que movía el mecanismo en un zortziko. Cosas que tiene Vitoria.

FUENTE: Diario de Noticias de Álava















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